
No es ningún secreto que la globalización ha llegado para quedarse. Las academias de flamenco ya proliferan por todo Japón, el pop coreano arrasa en las pantallas y altavoces y la música latina conquista todas las salas de conciertos de China, sin embargo, lo que nadie se esperaba es que desde la vieja Europa, en otro idioma y con unos códigos culturales diferentes, una artista conquistara la música latina.
Anna es una artista joven, del año 2003, que desde su Italia natal ha conseguido colocarse como una de las grandes promesas del reguetón y pop latino. Que haya nacido en el país transalpino en lugar de Puerto Rico o Medellín no es un obstáculo para ella, pues ya supera con algunos de sus temas los 100 millones de reproducciones – la has escuchado decenas de veces por la radio, aunque no le pongas nombre o cara –.
Nacida en La Spezia, una pequeña ciudad en el noroeste italiano, Anna Pepe decidió desde bien pequeña que lo suyo era la música urbana y los ritmos latinos. Hija de una escultora y un exfutbolista semiprofesional – Christian Pepe, jugador de La Spezia, club de La Serie B –, la suya es una historia típica de los artistas centenials que pegan el ‘boom’ musical gracias a la influencia de las nuevas redes sociales.
Estrenándose como rapera y freestyler en el 2018, comenzó publicando vídeos suyo en los que se lucía rapeando hasta que en 2019, tras amasar una pequeña legión de fans en Instagram y un primitivo TikTok, publicó Bando, el hit que pondría sobre ella el ojo mediático gracias a su explosión en las listas. Sin embargo, el éxito fue amargo.
La canción fue eliminada de todas las plataformas musicales por cometer infracciones contra los derechos de autor, pues para hacer el beat, la joven italiana había usado un sample – una versión – de un tema del productor francés Soulker. Aquello fue un jarro de agua fría para la artista, que se quedaba sin su tema más viral y, más importante todavía, sin los royalties derechos de autor que le había generado.
Aun así, la canción ya había cogido tanta fama que el ojo redentor de las grandes multinacionales se había percatado en ella: en 2020, firmó un contrato con Virgin Records, filial de Universal Music que llegó a un acuerdo con el productor francés para adquirir los derechos del beat y poder subir de nuevo el tema.
Si el primer lanzamiento de Bando fue un éxito, el segundo lo superó; la canción arrasó en las radios y listas, y, gracias a una cuidada estrategia de colaboraciones y remixes con otros artistas consagrados del viejo continente, el nuevo equipo de la artista consiguió que su nombre se expandiera por mercados musicales tan importantes como el alemán o el francés. Por supuesto, fue número uno en el Top 50 Spotify de Italia.
La joven rapera no se quedó estancada y aprovechó su recién alcanzada posición para juntarse con Guè, uno de los raperos más importantes de Italia, y así reproducir su éxito en otros singles publicados tras la pandemia que obtuvieron con facilidad la triple certificación platina; el objetivo no era exprimir a Anna como un artista one hit, sino convertirla en una diva italiana con ramalazos latinos, una mezcla de Emilia y Laura Pausini, que escalara a largo plazo. Y se consiguió, vaya que sí.
En 2024, estrenó por fin su primer álbum de estudio, Vera Baddie, un disco repleto de colaboraciones con lo más granado del país que se colocó nueve semanas seguidas como el trabajo más vendido de Italia. Entre los temas destaca 30º, canción que superó las fronteras europeas y comenzó a expandirse sin control por los mercados latinoamericanos y estadounidenses: actualmente, supera los 150 millones de reproducciones entre Youtube y Spotify.
Para el verano de 2025, la artista decidió no quedarse callada y volvió a sacar un hit, el último – de momento – en su carrera: Désolée. La canción se estrenó justo en junio de 2025, anticipando la competición por la canción del verano y el enorme escaparate que esta proporciona, y lo consiguió. En Italia, lo ha sido sin duda; en España, todo el mundo la conoce aunque no ponga cara a su intérprete.
El tema es un reguetón fresco, bien ensamblado entre las paredes de la producción pop, que ha conseguido expandirse gracias, precisamente, a la ola de música latina que cada vez es más fuerte en Europa.
La demanda de reguetón en el viejo continente ha provocado que ya no solo valga con importar este estilo desde sus centros originales – principalmente, Puerto Rico –, sino que ahora exista una necesidad de crear nuevas canciones e ídolos nativos en un país como Italia, donde ni siquiera se habla español.
Esta tendencia no es nueva y ya arrasa desde hace años países como España o Portugal, donde ya es habitual tener figuras que producen reguetón, sin embargo, está permeando al resto de Europa usando como puerta de entrada los países con lenguas romances, donde, por la facilidad del idioma, es mucho más fácil que se asienten los ritmos y los códigos culturales oriundos de Latinoamérica. Y aunque esto tampoco es nuevo, sí lo es que estos artistas trasciendan mediáticamente y consigan triunfar en países donde ya existe una escena reguetonera nativa mucho más potente: lo habitual de estos artistas es que se quedaran estancados como fenómenos locales, algo que Anna ha cambiado.

Deja un comentario