
Umberto Tozzi tiene 16 álbumes de estudio y sencillos de éxito en Italia que cubren varias décadas, pero en España su fama se asocia a un póquer de canciones muy específicas y bastante remotas, publicadas entre 1977 y 1981. Ahí estuvieron los momentos más celebrados de su concierto de este domingo en el Festival de la Porta Ferrada. Única fecha en España de la gira de despedida del cantante y compositor turinés, ‘L’ultima notte rosa. The final tour’.
En sus tiempos de popularidad en España, años mozos, Tozzi limitó sus visitas a los platós televisivos y no se le vio en un escenario por aquí hasta muchos años después (Cap Roig, 2017). Este es otro Tozzi que el que cantaba (en ‘playback’) en ‘Aplauso’, claro: 73 años, voz con más fondo y un catálogo de canciones para dar y tomar, el legado de toda una vida. Y una banda-orquesta de 11 integrantes que dejó muy atrás el sonido pop comercial que lo dio a conocer aplicando a las canciones un empaque de superproducción: coristas, metales, guitarras rockeras (tres, una de ellas la del propio Tozzi).
Material de fondo lírico romántico-libidinoso desde el mismo arranque con ‘Notte rosa’, con sus estrofas de deseo y ausencia, y su inmersión en las profundidades del alba (“horas y horas tú y yo haciendo el amor por teléfono”). Tozzi tomó ahí la palabra para agradecer al público su largo apoyo y pidió que sacara su “telefonino” para aportar un horizonte estrellado al famoso y bautismal ‘Ti amo’ (1977), con sus cenefas sinfónicas de sintetizador.
Claro, hay muchos éxitos posteriores de los que apenas nos enteramos por aquí, piezas como el muy italo-pop ‘Gli innamoratti’ o cierto encuentro a tres bandas, con Gianni Morandi y Enrico Ruggeri, llamado ‘Si può dare di più’. El medio tiempo filo-guateque ‘Qualcosa qualcuno’, con su melodía embelesada, y la balada perfumada ‘Lei’, que Tozzi defendió al piano. Y ‘Gente di mare’, que en el 87 quedó tercera en Eurovisión (a dúo con Raf), con aires de himno, y que presentó como “una canción muy difícil de explicar” (hubiera estado bien que lo intentara).
Tozzi cantó con solvencia, sacando partido de su voz un poco rota, bien acomodado en un concepto sónico muy de una era, aunque pulcro y frondoso. Y con derivadas AOR: ese interludio instrumental con cita a ‘Music’ (John Miles) y a temas propios como su apreciado ‘Il grido’.
En el tramo final, uno detrás de otro, los tres ‘hits’ pendientes. ‘Stella stai’ (‘Claridad’ en la versión castellana) reflotó su dinámica pop muy ochentera, de letra poco menos que dadaísta (traten de descifrar esto: “Coloreando un hijo se puede, darle tus ojos, si no, si no qué hago otra vez en esta puerta”). ’Tu’ lució su original ‘tempo’ incisivo y su historia de tremendo sátiro: “Mi camastro es fuerte”, “me voy desnudando”, “¿qué te importa mi edad?” (versos que cantó en italiano). Y ‘Gloria’ cerró la sesión con su invocación de la mujer ficticia, que nunca existió, y de la que Umberto Tozzi se ha visto teniendo que dar decepcionantes explicaciones durante 46 años.

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