Que significa escuchar la misma canción todo el rato, según la psicología

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Qué significa que escuches una y otra vez la misma canción: un refugio  emocional al que acudes por estas razones según la psicología

A todos nos ha pasado. Descubrimos una canción que nos atrapa, una melodía que se adhiere a nuestra mente y una letra que no podemos dejar de tararear. De repente, ese tema se convierte en la banda sonora de nuestros días, ocupando el primer puesto de nuestras listas de reproducción hasta el punto de que, a final de año, las estadísticas de Spotify nos revelan, sin sorpresa, que la hemos escuchado cientos de veces. Este comportamiento, lejos de ser una simple manía, es un fenómeno común con profundas raíces psicológicas que van desde la búsqueda de placer hasta un posible mecanismo de defensa contra la ansiedad.

La ciencia ha explorado por qué nos aferramos a una canción como si fuera un ancla emocional. La respuesta no es única, sino un complejo entramado de procesos cerebrales, recuerdos y estados de ánimo que convierten una simple pieza musical en una herramienta poderosa para nuestro bienestar o, en ocasiones, en un síntoma de algo más profundo que merece nuestra atención.

Un cóctel de placer y nostalgia: la química cerebral del bucle
La razón más fundamental por la que repetimos una canción es puramente biológica y placentera. Según los expertos, cuando escuchamos música que nos gusta, nuestro cerebro libera dopamina, el neurotransmisor asociado al placer y al sistema de recompensa. Es la misma sustancia que se activa cuando comemos algo delicioso o recibimos una buena noticia. Nuestro cerebro, en esencia, nos pide «más de eso que se siente tan bien», llevándonos a pulsar el botón de repetir una y otra vez para prolongar esa gratificante sensación.

Además, cuando se trata de nuestra canción favorita, se activa una zona del cerebro conocida como la red neuronal por defecto (RND). Esta red es responsable de gran parte de la actividad cerebral que ocurre cuando nuestra mente está en reposo, divagando o inmersa en la autorreflexión. Una melodía familiar y predecible crea un entorno sonoro seguro y confortable, permitiendo que nuestra mente vague libremente sin sobresaltos. A esto se suma el poder de la nostalgia. La música tiene una conexión directa con el hipocampo, el centro de la memoria en el cerebro. Una canción puede actuar como una máquina del tiempo, transportándonos a un momento, un lugar o una emoción específica de nuestro pasado, y repetirla es una forma de revivir y saborear esos recuerdos lejanos.

El refugio sonoro: cuando la música se convierte en un escudo contra la ansiedad
Si bien en la mayoría de los casos este hábito es inofensivo, en ocasiones puede ser un indicador de un estado de ansiedad subyacente. La psicóloga Patricia Morales señala que en las personas con tendencia al nerviosismo o la ansiedad, es más probable que una canción se quede atascada en bucle. Desde una perspectiva psicológica, este comportamiento puede asemejarse al de las ideas obsesivas que se repiten en la mente, actuando como un patrón de pensamiento circular.

En esta misma línea, la psicóloga María Angélica Barrero Guinand sugiere que estas canciones pueden funcionar como una «medida de evitación de la ansiedad». Es decir, la música se convierte en un «contenido vacío» o un ruido de fondo que utilizamos, consciente o inconscientemente, para bloquear pensamientos intrusivos o negativos que nos generan malestar. La melodía familiar y constante actúa como una barrera auditiva, impidiendo que otras preocupaciones se abran paso. La clave, según los expertos, es diferenciar si usamos la música como un instrumento de relajación y disfrute, escuchándola con atención, o si la empleamos meramente como un elemento distractor para no enfrentar lo que realmente nos preocupa.

El ‘gusano musical’: cuando la canción se niega a abandonarte
A veces, la elección no es nuestra. El fenómeno conocido como «earworm» o «gusano musical» (técnicamente, Involuntary Musical Imagery o IMNI) describe esa experiencia en la que una melodía se queda atrapada en nuestra cabeza y se reproduce de forma involuntaria, casi como un virus mental. Según el psicólogo clínico David J. Ley, este fenómeno demuestra el poco control consciente que a menudo tenemos sobre lo que ocurre en nuestro cerebro.

Los compositores, especialmente en la música pop y publicitaria, conocen bien los trucos para crear estos «gusanos musicales». Laura Taylor, compositora especializada, explica que estrategias como el uso de melodías sencillas, letras fáciles de recordar y un aumento progresivo de la instrumentación desde la estrofa hasta el estribillo están diseñadas para hacer que una canción sea extremadamente pegadiza. Afortunadamente, existe una técnica para librarse de este molesto invitado mental. El primer paso es escuchar la canción completa, de principio a fin, sin interrupciones y prestando total atención. Al hacerlo, el cerebro «cierra el ciclo» que mantenía la melodía en bucle. Inmediatamente después, es crucial realizar una tarea que absorba por completo nuestra capacidad cognitiva, como un sudoku, un crucigrama o cualquier acertijo que demande concentración. De esta forma, redirigimos nuestros recursos mentales y logramos, finalmente, desalojar la canción de nuestra cabeza.

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