Bad Gyal, referente cultural de la generación Z

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Controla tu gato": 5 canciones de Bad Gyal que no te puedes perder | motiva

El punto de partida de todo, señalan, es su talento musical. «Es una compositora muy heavy. Es como un espíritu rapero al que le salen canciones sin parar, y hace unas barras brutales», opina Blasi, que también señala que siempre tiene en alerta un radar para controlar todo lo nuevo que sale, ya sea en la música o en la moda, otra de sus pasiones. Incluso llegó a desfilar para Andrés Sardá en la Fashion Week de Madrid. Hace poco confesaba que tenía que escoger entre 25 ‘looks’ diferentes para el concierto de Barcelona.

La propia Bad Gyal explicaba años atrás que con el tiempo ha ido perfeccionando y sofisticando sus letras (que empezaron en un catalán que hace tiempo que no utiliza), algunas de las cuales ya son icónicas para una generación, la suya, que la ha tomado como un referente indiscutible por su carácter y la manera en cómo sus canciones rebosan amor propio e invitan a empoderarse.

Todo eso la ha hecho conectar de una manera magnética con el público LGTBIQ+, convirtiéndose en un icono. «Creo que es por la fuerza que transmite. Es un discurso que no es impostado, ella es así y sus fans lo ven. ‘Haz lo que quieras, sé cómo quieras, disfruta…’. Y eso, sumado a la música y a la estética… ‘Ponte lo que quieras, siéntete bien con tu cuerpo…’. Todo eso hace que sea una referente», analiza Blasi. Por la calle se ven grafitis que riman así: ‘Bad Gyal, referente cultural’.

Sin mirar a los lados
Impactó en sus inicios, se sobrepuso a unas críticas que siempre acompañaron a la escena urbana y que se recrudecieron -¡sorpresa!- sobre las mujeres, y su crecimiento ha sido tremendo. «Supo tirar para adelante sin mirar a los lados, siempre adelante», recuerda Blasi. Era descarada, poderosa, explícitamente sexual en sus canciones y le gustaba bailar.

Y rápido contactó con Magalí Jou, bailarina y coreógrafa, para perfeccionar su estilo e incorporar un cuerpo de bailarines a sus conciertos, que son una buena metáfora de su inconformismo y su capacidad de trabajo. Jou recuerda los comentarios denigrantes que recibieron por su manera de bailar, con el centro de todo en la cadera. «Nos gustaba bailar así, era lo que nos había influenciado [el dancehall jamaicano] y nos daba un poco igual. Teníamos la esperanza de que la sociedad avanzase, abriese la mente».

En sus inicios, el chascarrillo era que era hija del actor Eduard Farelo y que en casa costó que su música se entendiera (su madre, «la madre de la Pantoja», como la bautizó ella en una entrevista, es otra valiosa mano derecha de la cantante).

El propio Farelo explicó en el diario ‘Ara’ lo qué pasó realmente y diagnosticó brillantemente un choque generacional: «Me hizo sufrir al inicio, porque no entendía el discurso. […] Mi generación es incapaz de entender cómo los jóvenes se plantean la sexualidad y las relaciones de pareja. Pero es que a nosotros no nos toca dibujar la sociedad de los próximos treinta años. […] Ahora veo que esta necesidad de sobreexponer la sexualidad es una manera de saltarse una prohibición. Si hubiera sido otra, se lo habría saltado igual. Los jóvenes se rebelan. ¿Qué tiene de malo ver que una chica mueva el culo sobre el escenario? Pues aquí lo tenéis, dos tazas».

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